El reto de la mujer en la iglesia dominicana
Santo Domingo. – Mientras las estadísticas nacionales muestran que la República Dominicana ha escalado posiciones en el Índice Global de Brecha de Género, un examen profundo a las estructuras de nuestras congregaciones cristianas evangélicas revela una paradoja persistente: las mujeres son el motor que mueve la iglesia, pero rara vez se sientan en el asiento del conductor.
Según los datos de investigación social y censos denominacionales recientes, entre el 65% y el 70% de la membresía activa en las congregaciones del país son mujeres. Sin embargo, este «capital espiritual» no se refleja en los niveles de toma de decisiones.
La brecha del reloj: El servicio invisible
Fuera de los templos, la mujer dominicana ya enfrenta una carga pesada. Datos de la ENHOGAR indican que ellas dedican 31.2 horas semanales al trabajo de cuidado no remunerado, frente a solo 9.6 horas de los hombres. Esta «pobreza de tiempo» se traslada a la iglesia.
En las comunidades de fe, la segregación es horizontal. Las mujeres dominan las áreas de enseñanza infantil, diaconía de servicio (cocina y limpieza) y visitación, sumando entre 8 y 12 horas extras de labor eclesiástica voluntaria a su ya saturada agenda semanal. Por el contrario, los roles de liderazgo administrativo y doctrinal —que requieren menos tiempo operativo, pero concentran la autoridad— siguen siendo ocupados en un 85% por hombres.
El «Techo de Cristal» en el altar
A pesar de que las mujeres hoy superan a los hombres en preparación académica general y tienen una presencia masiva en los institutos bíblicos básicos, el acceso al Pastorado Titular sigue siendo una meta esquiva. Menos del 15% de las iglesias locales en los concilios mayoritarios son dirigidas por mujeres de forma autónoma.
«A menudo, las credenciales ministeriales de la mujer quedan supeditadas al estado civil; se les reconoce autoridad como ‘esposas de’, pero pocas veces por su propio llamado y capacitación teológica avanzada», señala el informe de indicadores de liderazgo 2025.
Políticas públicas: ¿Un espejo para la iglesia?
El Estado dominicano ha respondido a estas brechas con herramientas como la Política Nacional de Cuidados y la Iniciativa de Paridad de Género (IPG), buscando que el talento femenino no se pierda por falta de apoyo estructural.
La pregunta para el liderazgo evangélico hoy es: ¿Puede la iglesia aprender de estas políticas para crear sus propios sistemas de apoyo? Iniciativas como guarderías para líderes en formación o la revisión de las escalas salariales en ministerios remunerados podrían ser el primer paso.
Un llamado a la reflexión
La desigualdad no es solo una cifra; es una barrera para el cumplimiento de la Gran Comisión. Si el 70% de la fuerza de la iglesia enfrenta barreras de tiempo, educación especializada y reconocimiento, el impacto del Evangelio en la sociedad se ve limitado.
Cerrar la brecha de género en nuestras iglesias no es una agenda «secular», sino una demanda de justicia que empieza por reconocer que, en el Reino, el servicio de quien cocina es tan vital como el de quien predica, pero la autoridad para dirigir debe basarse en el don y la capacitación, no en el género.








